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“Que 31 Minutos sea libre y avance con el movimiento social": Juan Carlos Bodoque

El elenco de 31 Minutos
El elenco de 31 Minutos

Santiago.- Los canales de televisión chilenos reciben severas críticas de la sociedad chilena por mantener un evidente sesgo en favor del gobierno de Sebastián Piñera en su cobertura de las protestas de las últimas semanas. No es el caso de la marioneta de un conejo colorado que sin problema se abre paso entre los manifestantes. Sus ojos de botón miran a la cámara:

Nos encontramos acá en plena Alameda, donde empezaron los cacerolazos contra este gobierno injusto que está perpetuando las tarifas del Transantiago. Soy Juan Carlos Bodoque y me despido con estos maravillosos cacerolazos. Adelante estudio

La transmisión en vivo, improvisada por un fanático de 31 Minutos, no tarda en volverse viral.

"La gente espontáneamente arma su pancarta o hace videos con títeres que compraron en la calle, imitan a los personajes y lo que dirían —cuenta a La Octava Álvaro Díaz, uno de los creadores del programa televisivo—. Eso sucede naturalmente y sin una preparación. Significa que 31 Minutos tiene un protagonismo y funciona ya dentro de una iconografía".

"Nosotros hemos querido mostrar siempre un mensaje desde la igualdad y el amor. Es lo que hemos tratado de expresar en este movimiento porque se ha suscitado violencia".

▶ Quitarle la solemnidad al mundo

Juan Carlos Bodoque es sin duda el personaje más carismático dentro del universo 31 Minutos: reportero estrella de un show que parodia al informativo oficial de la dictadura de Augusto Pinochet —llamado 60 Minutos—, no extraña que este conejo rojo de orejas asimétricas y suéter rayado sea también el más socorrido por los manifestantes.

"No es una guerra, Sebastián: es dignidad": Juan Carlos Bodoque en las protestas de Chile • Foto: 31 Minutos
"No es una guerra, Sebastián: es dignidad": Juan Carlos Bodoque en las protestas de Chile • Foto: 31 Minutos
Foto: @31minutos_tv

"Es muy fácil tomar partido. Es muy fácil ahora hacer un portento de entusiasmo y subirse a un carro ideológico y ponerse serios; ponernos a dar pauta o a pontificar. Es fácil caer en un discurso abstracto", comenta Álvaro Díaz, en entrevista telefónica, mientras camina por las calles de Santiago. Inevitable relacionar la voz grave y engolada con la del reportero estrella de su show.

En 2001, Álvaro fundó la productora independiente Aplaplac, junto con su compañero Pedro Peirano. 31 Minutos es, por mucho, su creación más popular, al punto de haberse convertido en una película y en un espectáculo musical que ha llegado a presentarse en festivales tan importantes como Lollapalooza Chile 2018.

Su deseo es que 31 Minutos no entre en la política de forma gratuita, por mero oportunismo. Le entusiasma, en cambio, que sea la ciudadanía quien utiliza a sus personajes para mostrar su propia versión de historia, tras más de cuatro semanas de revueltas y manifestaciones.

"Yo quiero que 31 Minutos sea libre. Que avance con el movimiento, que sea expresión popular de quien lo quiera agarrar. Que sea siempre sinónimo de libertad y desacralización. Eso creo que es lo político, finalmente".

Detrás de su humor, que pasa de la inocencia al mordaz desenfado, existe una postura política bien pensada. Como todo noticiario, finalmente. No es que sus creadores o sus personajes militen en algún partido o que el programa sea un panfleto ideológico disfrazado de programa para niños. Se trata, propone Álvaro Díaz, de quitarle el barniz aburrido a lo que ocurre en el mundo.

"Lo político está revestido de seriedad y solemnidad. Hay un dibujante de México que admiro mucho: Abel Quezada. Él decía que la solemnidad es la mediocridad vestida de etiqueta
ÁLVARO DÍAZ, creador y productor de 31 Minutos

"Eso atacamos con 31 Minutos, ese cartón-piedra que construye la versión más oficial de nuestra sociedad. Cuando se piensa en politizar 31 Minutos no quiere decir hacerlo más serio o menos infantil. No nos interesa, no somos así", insiste.

Por lo mismo, el programa parte de la necesidad de construir una sociedad más equitativa. En cada uno de sus capítulos —la última temporada se transmitió en 2014— los personajes no escapan a la represión policiaca, a la crueldad del mercado o a la manipulación de los medios de comunicación. Pero el humor les permite rebelarse contra las jerarquías que se les imponen.

La igualdad es, afirma Álvaro Díaz, uno de lo hilos conductores para toda la concepción de 31 Minutos. En sus viajes anuales a la Ciudad de México con el espectáculo en vivo del show, siempre le sorprende cómo aquí la desigualdad se manifiesta de manera mucho menos brutal que en su ciudad natal, Santiago. Si aquí puede caminar por la colonia Roma y en minutos llegar a una colonia popular como la Doctores, entrar a un restaurante caro o comer en un puesto de la calle, en Chile eso resulta inconcebible.

De acuerdo con el Banco Mundial y a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), Chile encabeza el ranking de países más desiguales entre las principales economías del mundo. En el país que el presidente Sebastián Piñera calificó como “el oasis” de Latinoamérica” por sus índices macroeconómicos, un puñado de 140 empresarios poseen 20 por ciento de la riqueza total.

"La sociedad chilena está construida desde la Colonia con base en un sistema feudal. Las familias que acá tienen plata no sólo tienen dinero, tiene linaje: son apellidos que se van repitiendo, van a los mismos colegios, viven en los mismos barrios, se conocen en los mismos lugares. El resto es el pueblo —apunta Álvaro—. Hemos progresado en estos 30 años, sí, pero este progreso ha generado mucha insatisfacción: pueden aumentar tus recursos, pero no la igualdad".

Chile ha sido llamado el primer experimento del neoliberalismo para América Latina. Este "experimento" lo impulsó un grupo de economistas —los Chicago Boys— que instalaron ese modelo económico luego de graduarse de universidades de Estados Unidos. El resultado fue la privatización de una buena parte de los servicios públicos, entre ellos los más esenciales: el agua y la salud. El aumento al pasaje del transporte público sólo fue el último golpe a la clase trabajadora chilena.

En este contexto, un programa infantil donde todo tipo de animales, de distintos colores y especies, se burlan abiertamente dentro de un estudio televisivo de la locura que provoca el dinero y el poder, representa una poderosa declaración de principios.

De nuevo, las palabras de Álvaro Díaz bien podrían ser las de Juan Carlos Bodoque. La crisis chilena, enfatiza, tiene una causa clara: colocar idea de que todo es un negocio por encima de la dignidad de la gente.

▶ Invasión alienígena

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#31minutos_tv

La élite que gobierna Chile tiene otra explicación para el movimiento social que adquirió fuerza en últimas semanas: se trata de una invasión extraterrestre.

Estamos absolutamente sobrepasados, es como una invasión extranjera, alienígena, no sé cómo se dice.
CECILIA MOREL, primera dama de Chile

Álvaro Díaz no pudo evitar conmoverse cuando escuchó las declaraciones de la esposa del presidente Sebastián Piñera: el humor infantil de su show parecía infectar la realidad.

Las palabras de Cecilia Morel en un audio de 51 segundos que envió a una de sus amigas, su reacción escandalizada ante la violencia en las calles de la capital chilena, evidenciaron la completa desconexión que existía entre la sociedad chilena y sus gobernantes.

"La esposa del presidente cree que está en una invasión alienígena. Creo que es lo más honesto que hemos escuchado de la clase política en estos días. Me da hasta ternura escuchar ese audio. Genuinamente, ella pensaba que esas hordas eran una invasión, no era un país levantándose por su propia frustración y por romper la inercia o exigir igualdad".

Y no hay nada más gracioso, se sabe, que una coincidencia afortunada. Apenas una semanas antes de que el gobierno decidiera aumentar el precio del pasaje del Metro a 830 pesos y estallara el descontento social, 31 Minutos había su último sencillo musical, titulado Ritmo Sideral.

El sitio oficial de 31 Minutos compartió su producción con el mensaje: “Efectivamente, llegaron los alienígenas... y tampoco estaban en guerra”, esto en referencia a las declaraciones de Sebastián Piñera quien, en la segunda noche de toque de queda y después de desplegar 10 mil 500 militares en todo el país, aseguró que su gobierno estaba en “guerra en contra de un enemigo, poderoso, implacable…”.

La canción —que presenta a un alienígena de nombre C-Lurio que llega a la Tierra con la misión de esclavizar a los humanos—, sumada a la declaración de Morel, hizo que las manifestaciones se llenaran de disfraces y pancartas con motivos extraterrestres.

Después de la filtración del audio de la primera dama, el presidente salió a pedir disculpas por su falta de visión y anunció reformas sociales para atajar la crisis. Para muchos, incluido el creador de 31 Minutos, estos cambios están destinados al fracaso pues no lograrán resarcir los más de 40 años de desigualdad.

"Si el poder vive en el planeta Marte, éstos viven en otro aún más remoto. Están muy lejos de la realidad y todo se les vino encima. No tienen un vínculo con la ciudadanía, no tienen empatía".

▶ El baile de los que sobran

"Nosotros nacimos con el Chile del crecimiento económico. Pero resultó que estábamos en una narcolepsia: era un sueño que tenía que explotar algún día y ahora nos tocó cuando ya no somos jóvenes, cuando le toca a otros pelear".

Álvaro Díaz dice esto luego recordar cómo en #LaMarchaMásGrandeDeChile miles de manifestantes corearon y bailaron una canción que el grupo Los Prisioneros grabó en 1986: El baile de los que sobran.

La melodía revolvió la memoria de Álvaro Díaz. Él, que tomó la irreverencia como estandarte, que creció en una familia de clase media y ha sido hijo desordenado de una generación cómoda, nunca se enfrentó realmente al poder: vivió la caída del pinochetismo cuando apenas entraba a la universidad. No vivió el terror de uno de los momentos más sangrientos de Latinoamérica.

Ahora, Álvaro observa a los jóvenes que encabezan las protestas: también ellos nacieron fuera de la dictadura, pero algo ha pasado que la distancia entre las generaciones se acorta. Hoy acompaña a sus hijos adolescentes a las manifestaciones. Ellos han aprendido en unas semanas lo que a él le tomó varias décadas debido al cerco ideológico y cultural que implantó la dictadura.

"Uno ha criado a sus hijos tratando de no heredar esa culpa: esa eterna tristeza porque no pudimos construir una sociedad más justa. Los ‘cabros’, así le decimos a los niños, al final son sensibles, tienen su propio itinerario y lo único a lo que contribuyes es a darles independencia. Quiero que sepan que el dinero no lo es todo, que se puede elegir, que tener bienes materiales también genera angustia. Y que tienen derecho a manifestarse de la manera que deseen y de conocer el mundo, que a veces es sólo el que está al otro lado de la ciudad".

Con las protestas, Álvaro Díaz regresó a trabajar en la adaptación al cine del musical titulado Condicional, en el cual aborda lo improductivo de la educación académica y el desengaño de la falta de oportunidades de los jóvenes. En su mente aún resuena El baile de los que sobran.

Álvaro llega por fin a su casa pero tiene un problema: ha olvidado sus llaves. Su puño golpea levemente la madera. Un rumor le responde. "¡Soy yo!", grita.

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